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CENTRO
MEXICANO DE CINE
MUDO, fundado en
1998. |
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Contrariamente
a una idea muy difundida entre el público
neófito, el Cine Mudo
(llamado de manera corriente y errónea
cine silente en virtud de un anglicismo
común) dista mucho de ser una mera
anécdota o puramente un estilo
cinematográfico; muy al contrario, no es
nada menos que el fundamento, la raíz misma
de lo que un día se llegaría a denominar
como el “Séptimo Arte”.
La
aparición del cinematógrafo,
en el ocaso del siglo XIX, representa
los albores de una nueva era, el
nacimiento de una nueva visión del
mundo, del universo, con sus intereses,
sus pasiones, sus estilos y técnicas
propias, constituyendo igualmente
un lenguaje novedoso y revolucionario
en sí y por sí mismo, sin paralelo
alguno en toda la historia de las
ciencias y de las artes humanas:
el lenguaje cinematográfico.
Éste irá mutando y desarrollándose
a lo largo del siglo XX, explorando
lugares, sujetos y temáticas, a
la vez que descubrirá y generará
formas y estilos inéditos, discursos
y propuestas originales, creando
poco a poco, a lo largo de un largo
proceso, la gramática y el discurso
todo de la narrativa visual contemporánea.
Consumación
de las expectativas decimonónicas
por cristalizar la “Obra Total”,
reuniendo en el año 1895 - gracias
a los trabajos de los hermanos Augusto
y Luis Lumière - todas las artes
en una única y monolítica
disciplina monumental, polifacética
y pluridisciplinaria, la llegada
del maravilloso cinematógrafo, en
su estado primitivo, pues “mudo”,
nos ha legado incomparables obras
fílmicas que constituyen aún hoy,
a pesar de la colosal evolución
y las múltiples mutaciones ocurridas
en la técnica y en el lenguaje narrativos
a través de poco más que un siglo,
bases irremplazables para el pensador
y el creador modernos.
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Bases
en el plan temático, iconográfico, secuencial,
metodológico, puesto que, en efecto, ya
en aquellos tiempos en apariencia remotos
para el público ordinario contemporáneo,
podemos hallar a profusión el trabajo y
la reflexión sobre temas que, aún hoy, siguen
siendo de actualidad en los albores de nuestro
joven y desesperanzado Siglo XXI: industrialización
desenfrenada, control de masas, problemáticas
sociales, mitos antiguos y de la modernidad,
crimen, poder y pasión, drogas, sexualidad,
amor, deseo...
De
manera absolutamente errónea, se tiende
a pensar que la llegada del cine sonoro
marca el fin de la era muda, relegando
a su ilustre antecesor a los cajones sombríos
del olvido; era esta una tradición
demasiado anclada en la costumbre para desaparecer
de golpe; basta recordar que las proyecciones
anteriores al año 1927 rara vez eran literalmente
“mudas”, siendo - si no por principio, ciertamente
por habitud - acompañadas por uno o más
músicos, e inclusive actores y comediantes
que interpretaban los roles que los espectadores
presenciaban de manera simultánea en la
pantalla. Entre otras figuras similares,
tal fue el caso particularmente de la escuela
Benshi del Japón. Por supuesto,
tales prácticas se difuminaron sin embargo
gradualmente, al considerárselas con el
pasar de los años innecesarias y obsoletas,
e incluso según algunos contrarias
a la esencia misma y a la pureza del cine.
A pesar de ello, el acompañamiento
musical del cine mudo fue preservado religiosamente
por pequeños círculos e instituciones
especializadas de conservación histórica,
a veces de gran prestigio. En ese sentido,
probablemente el mejor ejemplo sea el de
la Cinemateca Real de Bruselas, en Bélgica,
donde de manera permanente y hasta el día
de hoy se proyectan diariamente dos películas
mudas con acompañamiento al piano.
Del
mismo modo, es la intención y el
propósito del Cinematógrafo
Folía Lumière revivir esas imágenes
y sonidos del pasado, al mismo tiempo que
comprometerse con la preservación y la difusión
permanente del patrimonio mundial del cine
mudo. Estas prioridades van acompañadas
por la firme voluntad de elevar a nuestra
nación, México, al nivel de los países
de Europa en lo que se refiere a la difusión,
regularidad, recurrencia, conocimiento del
patrimonio del cine mudo y legado de sus
grandes creadores e intérpretes.
Más
allá de estas primicias, todas las presentaciones
del Cinematógrafo Folía Lumière
son una ventana y un auténtico viaje
en el tiempo que brindan nuevamente al público
la atmósfera única y el perfume añejo de
esos años a veces olvidados, integrando
de lleno al espectador en esa maravillosa
época que hizo literalmente explotar el
mundo en un estallido inesperado de imágenes,
de movimiento, de luz y... de música.
Eduardo
Garzón-Sobrado
Presidente-fundador,
Director general.
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Folía Lumière, Centro Mexicano
de Cine Mudo.
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